En ocasión de la XV Conferencia Internacional sobre el Sida que se celebró entre 11 y el 16 de Julio en Bangkok, la escasez de referencias a la problemática de esta enfermedad en el Mundo Árabe puede resultar sorprendente. Esta sensación, se puede ver agudizada por la situación geográfica de esta región, encerrada entre el África subsahariana, el Sur Asiático y el Sudeste europeo, áreas geográficas donde la enfermedad adquiere dimensiones pandémicas. Con un número estimado de afectados que supera levemente el medio millón de personas, los países Norteafricanos y del Medio Oriente, presentan un perfil muy alejado del de sus vecinos. Atendiendo a las cifras que se manejan actualmente que hablan de 40 millones de enfermos en todo el mundo, solo uno de cada 80 portadores del VIH sería árabe.
¿Cuál es el secreto de los árabes para contener el avance de una enfermedad que parece incontrolable en los países que los rodean?. El factor decisivo se puede encontrar en el control social y religioso de los principales grupos de riesgo: homosexuales, promiscuos y consumidores de droga intravenosa. Más eficaces que las estrategias de prevención y planificación familiar, parecen ser las fuertes convicciones sociales que consideran el sexo fuera del matrimonio inmoral, y la homosexualidad un crimen.
Sin embargo, ¿qué hay de realidad y qué de silencio en esta estadística?. En 2003, Arabia Saudí, el país paradigma de la aplicación de un fundamentalismo recalcitrante que se traduce en persecución contra las minorías sexuales, cifró en 6700 los casos de sida en el país. En el año 2000 la cifra de la ONU para Arabia era de 436 enfermos. Si bien las fuentes saudíes apuntaron a que de estos casos solo 1500 corresponden a nativos, la cifra parece más corresponderse a una repentina apertura informativa que a un trágico vuelco estadístico. De hecho, el 2003 fue el año de la campaña “Rompiendo el Silencio”. Este proyecto, auspiciado por la Oficina Regional del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Norte de África y Medio Oriente, promovía la prevención del sida a través de la visualización del problema. Apoyándose fundamentalmente en populares figuras mediáticas del mundo árabe, el objetivo era levantar el tabú asociado a esta enfermedad, llevando la discusión al centro del debate público.
La homosexualidad es el principal tabú en las sociedades árabes. Considerada como un acto anti natura, la sodomía, junto a las relaciones durante la menstruación, son las dos únicas prácticas sexuales que el Islam prohíbe. Así, las minorías sexuales son perseguidas y oprimidas en esta área. En 26 países musulmanes la homosexualidad es formalmente ilegal. La leyes anti sodomía prevén castigos que varían según la interpretación más o menos fundamentalista de la Sharía (o ley islámica) y que van desde los latigazos a la pena de muerte, en países como Arabia Saudí, Mauritania o Yemen. En Egipto e Indonesia, países que han abolido sus leyes contra homosexuales, la represión se ampara en leyes sobre la moralidad, el respeto a la religión o contra la perversión.
Sin embargo, la homosexualidad no es ningún fenómeno nuevo en el mundo árabe, ni, como todas las 'perversidades' y 'amenazas identitarias', ha sido importado de Occidente. En sociedades fuertemente segregadas, como la Saudí, las relaciones entre personas del mismo sexo no son raras, mientras que países como Líbano, Túnez o Egipto constan de un incipiente mundo gay. Una floreciente red de homosexuales libres de prejuicios va creciendo.
Paralelamente se intensifica la obsesión contra ellos. En Egipto la policía emplea las salas en chats para ejercer la caza al homosexual por internet. Mientras que en los países donde la navegación está sujeta a restricciones, las primeras páginas que desaparecen son las de temática “rosa”, difuminándose en el imaginario social la distinción entre homosexualidad y pornografía.
Fue precisamente en Egipto, donde en enero del 2001, el proceso colectivo contra cincuenta hombres que se encontraban en un barco-discoteca en el Nilo, puso en guardia a la comunidad internacional contra los abusos homofóbicos en el mundo árabe. Los detenidos del “Queen Boat”, serían procesados por una corte especial por “comportamiento obsceno”. Las organizaciones internacionales de derechos humanos y minorías sexuales presionaron hasta conseguir la repetición de los juicios frente a una corte ordinaria. El caso del “Queen Boat” y otras situaciones de abusos contra homosexuales pusieron de manifiesto ciertas cosas. Los desafíos a los que los homosexuales árabes se enfrentan tienen poco que ver con los de sus homólogos occidentales.
Las organizaciones de homosexuales internacionales tienen su base en países occidentales. La percepción de la lucha gay como algo externo puede dar argumentos a aquéllos que encubren la intolerancia y el conservadurismo en términos identitarios. La homosexualidad y el sida se perciben como problemas importados.
Potenciar una concienciación interna de que las sociedades árabes siguen siendo vulnerables al sida, y que la homosexualidad no es el enésimo mal importado de occidente, son pasos necesarios para potenciar una sociedad civil que impulse el cambio en la región y que no puede ser una simple franquicia de un internacionalismo de raíces occidentales.
Fecha Publicación: 15/07/2004
Sarah Babiker
Periodista
http://www.infosolidaria.org/verarticulo.php?idarticulo=724&idautor=64&idversion=0&ididioma=1