Hay enormes diferencias en lo que se aprende en las aulas
En la Argentina, los chicos y jóvenes pobres aprenden menos y en peores condiciones. A más de diez años de la reforma educativa, el dinero invertido en construir y equipar escuelas no ha servido, en general, para compensar las desigualdades de origen y mejorar el aprendizaje.
Según los resultados de una investigación realizada por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), con datos de escuelas públicas de todo el país, los chicos de sectores sociales más desfavorecidos asisten a escuelas en peor estado edilicio y con menos computadoras y equipamiento, con docentes más jóvenes y con menor experiencia, repiten más de grado en la primaria y tienen peores resultados de aprendizaje en el nivel medio. Este panorama, que contradice de manera contundente la noción de la escuela como igualadora de oportunidades, proviene de comparar datos socioeconómicos de los alumnos de nivel primario y medio -obtenidos en un operativo censal en 2000- con la oferta de tiempo y materiales de las escuelas -jornada simple o doble, calidad edilicia, computadoras y bibliotecas-; las características de los docentes; la oferta de comida, apoyo escolar y material didáctico; datos sobre repitencia y sobreedad, y resultados en las pruebas de lengua y matemáticas tomadas nacionalmente en 2000.
Financiada por el Programa de Reformas Educativas para América Latina (Preal), la investigación intentó comprobar "cómo pueden los Estados provinciales disminuir, mantener o profundizar las desigualdades socioeconómicas de los alumnos".
Los niveles de desigualdad detectados reflejan uno de los efectos de la reforma educativa impulsada en la década del 90, que dejó a la educación atada a las diferentes capacidades de inversión de los Estados provinciales, lo que, como consecuencia inevitable, hace que las escuelas no sólo ya no puedan equilibrar las desigualdades, sino que las prolonguen.
Al lado de esta comprobación, sin embargo, existe en la Argentina un sistema educativo fragmentado y dispar, incluso dentro de una misma provincia, en el que conviven calidades, recursos y voluntades políticas diferentes. Lo único constante es, en todo caso, "la falta de una estrategia planificada de acciones estatales" para reducir las desigualdades, lo que deja a las escuelas libradas a su suerte.
"En la Argentina, no hay educación igual para todos. Los pobres aprenden menos porque el Estado ofrece menos a los que tienen menos y más a los que tienen más", sintetizó a LA NACION Florencia Mezzadra, una de las integrantes del equipo.
Más para los que más tienen
Según el estudio, a pesar de la inversión estatal en construir y equipar escuelas durante los 90, "esas políticas no se acompañaron con una acción constante para sostener la infraestructura". Así, las escuelas reciben computadoras, por ejemplo, pero no tienen recursos para actualizarlas ni mantenerlas. "Muchos gobiernos provinciales terminan por no mandar más equipos a las escuelas más pobres", dijo Cecilia Veleda, investigadora principal del equipo.
Las cooperadoras acuden en auxilio de aspectos cada vez más básicos, pero, otra vez, prolongando las desigualdades: como están sostenidas por los aportes de los padres, en las escuelas con chicos de mayor poder adquisitivo, tienen más recursos. En tanto, ni la oferta de jornada completa ni las bibliotecas son objeto de una política específica para los más pobres.
Sin embargo, hay diferencias marcadas entre las provincias. La Pampa tiene escuelas de jornada completa para los chicos con más necesidades, y Santa Cruz, Tierra del Fuego y Catamarca ofrecen similares condiciones edilicias para todos los alumnos.
En cuanto a los docentes, aunque en general hay homogeneidad, las escuelas más pobres tienen mayor cantidad de docentes más jóvenes. "Como las escuelas se eligen por puntaje y antigüedad, a medida que adquieren experiencia prefieren escuelas de mejor nivel. Las escuelas más pobres son la puerta de entrada para muchos docentes", señaló Veleda.
Si se miran los servicios alimentarios, de apoyo escolar y material didáctico, el panorama se hace más complejo. En general, son políticas compensatorias destinadas a la educación general básica (EGB) -donde responden efectivamente a las necesidades de los más pobres-, pero todo lo contrario ocurre en el polimodal: no son frecuentes y no tienen relación directa con las características socioeconómicas de los chicos, particularmente en Buenos Aires, La Rioja y Chubut.
En tanto, es en los resultados educativos donde se advierten las mayores diferencias. En la EGB, los chicos más pobres repiten más el grado y tienen mayores problemas de sobreedad, pero no manifiestan tantas diferencias en los resultados de lengua y matemática. En el polimodal ocurre al revés: los más pobres saben menos.
Aunque se encontraron diferencias significativas dentro de las provincias, un fenómeno queda claro: "En las provincias más pobres, los resultados son más bajos pero hay menor distancia entre ellos. El sistema es más homogéneo y hay que trabajar para mejorar los resultados en general. En las provincias más ricas, las distancias en las escuelas son más grandes y hay que mejorar la equidad en la adquisición de conocimientos", dijo Veleda.
Así, en la ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Cruz, La Pampa y Tierra del Fuego se advierten las mayores distancias entre lo que los chicos saben, mientras que en jurisdicciones más pobres, como Formosa, Chaco, Santiago del Estero y Corrientes, las diferencias son menores.
Bajo los hallazgos permanece el problema del financiamiento. "El modo en que se distribuyen los recursos hace que las provincias tengan capacidades de inversión diferentes", dijo Mezzadra. En general, destinan entre el 20 y el 30% de sus fondos a la educación pero, de ellos, el 90% se va en sueldos.
Para los investigadores, queda claro que no alcanza con compensaciones que pongan a los chicos en igual punto de partida, porque es el propio sistema escolar el que desiguala. Y sostienen que hacen falta datos sobre los niveles de equidad, que en general no se relevan. "En los 90, la preocupación central fue la calidad. Hoy hay que instalar la equidad como eje, desarrollar un sistema de medición y sistematizarlo", dijo Veleda.
Por Raquel San Martín
De la Redacción de LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=660283